Diario de una reflexión I

  Hoy, tres de noviembre, una primavera poco cálida. Las rosas aún no han florecido.  Los pimpollos, no han mostrado la intensidad de sus colores. Son esas gamas rojizas de las flores las que atraen fuertemente a insectos a posarse sobre su figura, olvidando completamente la existencia de las filosas espinas que revisten esos objetos de ensueño. No parece importar a estos animales el lastimar sus patas ya que se encuentran cegados, perdidos en el universo del amor con un apasionamiento desenfrenado. Parece ser la admiración llevada a un nivel demencial el factor que genera que estas criaturas olviden completamente  la existencia del dolor. Tal vez así somos nosotros también, tal vez así es el alma humana, donde el amor es más fuerte que el dolor.



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