Cosecha

Uno tiende a pensar que debe volver a aquellos lugares en los que amó la vida. Sin embargo, es en este momento que la vida se encuentra en picada. La altura demuestra un hermoso panorama en el que los árboles tienden a difuminarse en colores similares. Son las imágenes las que deben quedar guardadas en la memoria.
Pero, que ocurre? El fondo presenta el mismo paisaje, el fondo se incendia. Se desconocen los motivos, no se sabe con certeza que ha prendido nuevamente los pastizales. Los pastizales que en aquellos momentos fueron fértiles, que generaron riquezas, en los cuales la gente marchaba por horas y horas. Donde en aquellos momentos, se podían narrar historias, y quedaban en la memoria de los caminantes. 
Las razones varían, algunos dicen que la utilización de ciertas sustancias como el cianuro y su toxicidad han resecado nuevamente el terreno, otros dicen que es la vuelta de los antiguos apicultores. Esos que quedaron huérfanos en el 2018 y lloraron velando los cajones de madera artesanal. Mi conciencia me hace pensar que todo lleva a la misma conclusión. A ese loop eterno de hace unos años donde era la melancolía de los entusiastas, con sueños destrozados, los que generaron el incendio eterno. 
Pero no es solo el incendio lo que genera calamidad en aquellos que lo observan, sino también en todo lo que ocurre después. 
Es esa situación que de lejos brilla por su intensidad  que logra acercarse, es la ceniza la que tapa de a poco los orificios nasales y comienza a ahogar a las personas de los alrededores. De a poco el cielo, que antes era celeste, se torna de un gris continuo que dentro de mucho tiempo volverá a aclarar. 
Me encuentro sentada frente al incendio, el incendio que se acerca a mi y no hago nada para detenerlo. Los baldes de agua se encuentran lejos, las mangueras, aún más. Las gotas de mi boca escasean y las de mis ojos caen ya que se que el incendio ha llegado. 

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