El espejo
Fue en ese momento en el que escuché el estallido del espejo que se encontraba en el fondo del corredor. Asustada, de a poco me fui acercando y una imagen que parecía lejana comenzaba a tomar forma. Veía una sombra que buscaba esconderse a ella misma en siluetas imaginarias. Desesperada, tomaba cada uno de los pequeños vidrios entre sus manos ensangrentadas y los acomodaba a la manera que quería, que quería que la vieran. Era una imagen difusa, perdida y poco replicable. En cada imperfección que cometía, el estallido del espejo volvía a escucharse, cada vez con más nitidez, cada vez con más tristeza. La imagen que esperaba no encuadraba con los vidrios presentados y la hacían perderse en un mundo de lágrimas de inseguridad. Al tiempo, comencé a darme cuenta que eran aquellos cristales del reflejo los que comenzaban a hacerse más pequeños y se esfumaban con apenas una brisa del viento que soñaba entre los rincones. Eran esos pequeños pedazos las decepciones esfumadas, que decidieron dejar de vender tristes reflejos de una realidad perdida.
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